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Un merecido reconocimiento

Nota publicada en la edición del lunes 12 de octubre de 2015:

jubilacion

Se jubiló uno de los martilleros que vio crecer Mar del Plata

Carlos Alberto Di Bártolo ejerció durante casi 60 años la profesión. Vio crecer la ciudad de la mano de la expansión de la propiedad horizontal y trasmite el legado en las nuevas generaciones familiares

Corría 1956 en Mar del Plata. El paisaje era muy diferente al que conocemos en la actualidad. La ciudad era aún una “aldea” y los domingos por la tarde los vecinos “estacionaban el auto sobre la calle San Marín, tomaban mate y veían pasear a la gente”. Al menos así lo describe en una charla con La Capital, Carlos Alberto Di Bártolo, que luego de 59 años de profesión deja un legado de trabajo y experiencia a las nuevas generaciones de su familia.

Di Bártolo nació en septiembre de 1930 en Buenos Aires, pero se radicó junto a su esposa en Mar del Plata en el año 1954, tras su retiro efectivo de la Armada Nacional. “Desde ese momento comenzamos un largo andar que comenzaría a dar sus frutos cuando en abril de 1982, con 3 de mis 4 hijos, nos constituimos en sociedad para atender al quehacer inmobiliario y la administración de consorcios en propiedad horizontal en particular”, explicó.

“Antes de eso pasaron experiencias por la vieja Usina Eléctrica del Puerto, la incipiente Secretaría de Turismo y la Primera Fiesta Nacional del Mar, para recalar posteriormente en la Inmobiliaria A.C. Taquini y Cia”, relató Di Bártolo sobre sus inicios profesionales.

Según Di Bártolo, durante la década del ´50 y el ´60 “se empezaron a dar los cambios” en la ciudad cuando “se vendían viejas propiedades estratégicamente ubicadas para dar paso a los primeros edificios en propiedad horizontal”. La descripción es sustanciosa: “La acreditada tienda Santa Rosa de San Martín y San Luis, donde está la Galería Lafayette, la legendaria librería Rey de San Martín entre Córdoba y Santiago del Estero, la ferretería “Campos”, la joyería y relojería de los Hnos. Montero de Rivadavia y San Luis donde hoy esta la Galería y Rascacielos Rivadavia, cuyos departamentos contaban con suministro de agua de mar, fría y caliente, mediante un sistema de bombeo que arrancaba en la escollera Punta Iglesias, hacía su recorrido por Diagonal Alberdi y llegaba a ese punto”.

“Por supuesto, todo cambió”, subrayó y comentó cómo eran las formas de pago: “Algunos departamentos y locales se vendían en cuotas mensuales, a largo plazo y con solo firma de pagarés comerciales. Las grandes loteadas, como lo son hoy La Florida, Constitución o Caisamar, se vendían en 132 cuotas mensuales, sin intereses y asentando el pago de las cuotas mensuales en una Libreta de compra-venta que se le entregaba a cada comprador. Siempre se priorizó el respeto de la palabra”.

La profesión y la empresa

“Con la matrícula de Martillero y Corredor Público, junto a mis hijos María Elena, Luis y Eduardo, comenzamos a vislumbrar ésta actividad a futuro”, señaló y explicó: “Ellos pusieron su juventud y sus conocimientos para el andamiaje de éste emprendimiento. El paso del tiempo, las nuevas herramientas de trabajo que han surgido y nuestro propósito de lograr la máxima eficiencia, nos obligó siempre a mantenernos actualizados”.

Para Di Bártolo, tras el paso de éstas décadas, es “un orgullo ver mi a empresa familiar en pleno crecimiento. La misma es el fruto del esfuerzo, tesón y sacrificio, además de todas las personas que trabajaron a nuestro lado a lo largo del tiempo y en especial al staff actual”.

Hace unas semanas Carlos Di Bártolo llegó a sus 85 años de vida. Desde los inicios de su actividad tuvo en claro que el principal objetivo en todas las tareas que desarrolló “fue trasmitir a mis interlocutores la seriedad y honestidad de mis procedimientos. Esto siempre lo he inculcado a las generaciones que me acompañan. Siempre recuerdo a un viejo colega, ya fallecido, que en plena asamblea de copropietarios pidió la palabra y dijo: ´Debemos agradecer que tenemos una administración de manos limpias y uñas cortas´”.